Nuestra Historia

El Colegio Nuestra Señora del Carmen reconstruye su historia a través de las generaciones

  • Por: Renata Pistarino, Dolores Pereira Surnyak, Maia Maíz, Jonás González Montovio, Renata Correa y Catalina Merialdo (Alumnos de 4.° Año).

    Nuestra Escuela no es solo un edificio; es un testigo vivo de la historia de Suipacha. En el marco de un proyecto de investigación institucional, nos propusimos reconstruir el pasado, el presente y el legado de nuestra querida casa de estudios. A través de documentos históricos, entrevistas y la memoria viva de sus exalumnos, viajamos en el tiempo para entender de dónde venimos y hacia dónde vamos.

    Parte 1: Los cimientos de una obra centenaria

    Cronistas: Renata Pistarino y Dolores Pereira Surnyak

    Para entender el nacimiento del Colegio Nuestra Señora del Carmen, tenemos que viajar en el tiempo hasta finales de 1911. En aquel entonces, el párroco local, Thomas Dunleavy, detectó una gran necesidad en el pueblo: la falta de una oferta educativa formal para las niñas de Suipacha. Con esa preocupación, solicitó apoyo al Obispo de La Plata, quien tendió un puente hacia España para contactar a la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Caridad Vedruna.

    El viaje se concretó un tiempo después. El 23 de abril de 1913, arribaron a Suipacha las primeras seis religiosas españolas, lideradas por la Madre Superiora Pilar Dives. Sin perder tiempo, las clases comenzaron apenas unos días después, el 2 de mayo de 1913, en una locación provisoria y con una matrícula inicial de solo 5 alumnas. Desde aquel primer día y hasta la actualidad, la institución mantuvo intacto su nombre original.

    Un edificio con un pasado sorprendente

    El imponente edificio que hoy conocemos no siempre fue el hogar de la escuela. En los primeros años, el colegio funcionaba en un espacio más reducido. Fue recién en 1919 cuando se mudó a su ubicación actual. Lo curioso es que, para instalarse, el gobierno local le transfirió a las Hermanas el predio físico donde antes funcionaban la antigua municipalidad y la comisaría de Suipacha.

    A lo largo de las décadas, la estructura fue transformándose por completo:

    • 1959: Se inauguró el nivel secundario (inicialmente exclusivo para mujeres y luego transformado en mixto).

    • Año 2000: Se reestructuraron los espacios físicos para incorporar el jardín maternal y adaptar las aulas a la modalidad de jornada completa.

    • El antes y el después: Donde antes existían los calabozos de la comisaría, las oficinas de la intendencia o el antiguo internado (sector de pupilaje), hoy la escuela cuenta con un gimnasio, salón de actos, laboratorios modernos, la capilla y las salitas del jardín.

    Este crecimiento edilicio fue el resultado de un enorme esfuerzo vecinal en sus primeras épocas, donde la comunidad organizaba rifas, festivales y colectas para comprar desde ladrillos hasta bancos. En su etapa moderna, el colegio comenzó a recibir el acompañamiento de subsidios provinciales (como el Fondo Educativo) para el mantenimiento de la estructura pesada y la cobertura salarial.

    Parte 2: La escuela que se llevaba en la piel (Los recuerdos del abuelo)

    Cronistas: Maia Maíz y Jonás González Montovio

    La historia oficial se vuelve viva cuando la cuentan quienes la caminaron. Para esta segunda parte, Maia Maíz, entrevistó a su abuelo, un exalumno de la institución que nos abrió una ventana hacia la vida cotidiana del colegio décadas atrás.

    Él nos recordó la fuerte impronta de aquellas primeras monjas de origen español, como la Hermana Isabel (profesora de música), la Hermana Blanca (la bibliotecaria, que ya tenía ochenta y pico de años), la Hermana Teresa y la Madre Pilar. «En ese momento eran muy amables, pero eran exigentes», rememoró con una sonrisa.

    En la época en que él asistía, el colegio funcionaba bajo el régimen de pupilo y medio pupilo. Las mujeres se quedaban a dormir de lunes a viernes en las instalaciones (en lo que hoy es el segundo piso, donde se armaban las hileras de camas y frazadas, ya que el tercer piso aún no estaba terminado). Los varones, en cambio, asistían como medio pupilos y se retiraban a las 16:30 hs. La población escolar era mayoritariamente femenina, llegando a albergar a unas 300 alumnas mujeres.

    Entre los recuerdos más pintorescos que nos compartió el abuelo, revivió el antiguo patio ubicado detrás del gimnasio: un sector lleno de plantas frutales donde, entre mates y charlas, los alumnos ayudaban a lavarle el auto a las monjas.

    Parte 3: Santa Joaquina y un legado que cruza fronteras

    Cronistas: Renata Correa y Catalina Merialdo

    Detrás del nombre de nuestro colegio se encuentra la figura de Santa Joaquina de Vedruna, una mujer extraordinaria nacida en Barcelona, España, el 16 de abril de 1783. Aunque desde joven sintió vocación religiosa, formó una familia, tuvo nueve hijos y enviudó a los 33 años. Tras criar a sus hijos, a los 43 años (en 1826), fundó la Congregación de las Hermanas Carmelitas de la Caridad en Vic, España, bajo la guía espiritual y protectora de la Virgen del Monte Carmelo. Falleció en 1854 a causa de una epidemia de cólera, y fue canonizada en 1959 por el Papa Juan XXIII.

    Hoy, la congregación que ella fundó trabaja en más de 30 países a lo largo de cuatro continentes, basándose en la pedagogía del amor y la fraternidad a través de tres pilares: la educación integral, la salud y el cuidado de los enfermos, y la acción social.

    El Bicentenario Vedruna 2026: Suipacha en los ojos del mundo

    Este año 2026 no es un año más. Se celebra el 200° aniversario de la fundación de la Congregación, bajo el lema «Amor generoso, misión que inspira». A nivel global se han diseñado guías en múltiples idiomas y encuentros virtuales en toda América.

    Pero lo más emocionante para nosotros es que, por su enorme peso histórico, la ciudad de Suipacha fue elegida como la sede continental para el gran festejo de América. En febrero de este año, nuestra comunidad se vistió de fiesta para recibir a la comunidad Vedruna América. Los festejos incluyeron el recorrido del Camino de la Madre Leonor Maturana, la inauguración de un museo que lleva su nombre y una emotiva misa central que fue transmitida en vivo por streaming para todo el continente, además de la realización de un mural colaborativo y espectáculos artísticos.

    El futuro de nuestro legado

    Aunque desde el año 2015 las Hermanas ya no residen de forma ininterrumpida en el edificio del colegio (actualmente viven en la Casa de Hermanas Mayores «Madre Leonor Maturana» sobre la calle San Juan) y las tareas presenciales, administrativas y pastorales están coordinadas por un Equipo Coordinador liderado por la Representante Legal Marcela Milne, la congregación Vedruna sigue siendo la titular de la institución.

    Las tradiciones más fuertes, como el carisma de Santa Joaquina y el histórico festejo de su día con el famoso chocolate caliente, siguen latiendo en cada rincón. Saber de dónde venimos nos permite honrar las metas de quienes empezaron esta obra gigante. Aunque las hermanas no estén en el día a día, sus enseñanzas quedan grabadas en nosotros. Los directivos, docentes y alumnos de hoy somos los encargados de mantener encendida esa llama y transmitir su legado a las próximas generaciones.